Manatí, querido Manatí

por: Fernando Martínez Martí

A la entrada de Manatí, un monumento exclusivo lo explica todo. O casi todo. Porque si el manatí, además de tener la blanquinegra junto consigo, se animara y bailara el danzón, todo estaría dicho. Pero los monumentos, al menos los nuestros, no tienen todavía animación. De tal suerte, lo que vemos al llegar al norteño municipio tunero es suficiente.
Esta es tierra bautizada por el hechizo de esos animales pacíficos, nobles, que son los manatíes. Con toda la mística de las manatisas-sirenas, para que no falte el halo de leyenda que tiene todo pueblo que se respete. Y Manatí se respeta.
Junto a esa historia de sus costas, está la de los seres humanos. Emporio futbolero del Oriente cubano, hay una deuda por saldar con la historia balompédica de aquellos lares. La de los ancestrales equipos en lidia, en derby que nada envidia a Madrid, pero que además es nuestro. La de los marineros soviéticos jugando en Puerto Manatí, en descomunales lidias que casi siempre concluyeron en la amistad que fraguan los buenos licores. La de los primeros equipos orientales, cuya afición puso a correr a varios árbitros, uno de ellos relatado en crónica magistral por Juan Morales Agüero, ilustre periodista y manatiense nunca ausente.
Tendríamos que hablar del central azucarero, vida que se le fue a este poblado, pero de ello comentaremos en otro momento. Porque se fue el azúcar, pero no la dulzura de sus habitantes. Y el monumento a la entrada, el manatí junto al balón, pudiera decir con Barbarito Diez: Manatí, querido Manatí…

Be Sociable, Share!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*