Caliente, caliente que te quemas

Días de verano y de descanso. De relajar y dejar atrás el agotamiento del cotidiano. De emprender proyectos y realizar aventuras postergadas. Y si de disfrutar se trata, nada como la playa para hacerlo. No hay como visitarla con un grupo de amigos y pasar un día diferente, entre conversaciones, recuerdos, bromas…
Difícilmente halle usted un cubano al que no le guste la playa. Encontrar un «no» rotundo, alguien que cierre puertas a esa opción de esparcirse, es algo casi imposible en esta isla rodeada de agua por todas partes. Qué importa que la playa pueda quedar lejos, o que miles congestionen el escaso transporte público para ir a disfrutar —pensando incluso, como quizá le ocurrió a usted en algún momento, que ese día sería diferente porque poca gente iría…
Y ahora, que corren tiempos de cambio climático y los calores prácticamente convierten el mediodía en una especie de microwave, qué importan tampoco las altas temperaturas. Así piensan y dicen muchos. ¿Hay que protegerse? Pues nos protegemos.
Somos individuos muy curiosos si de hacer un estudio de comportamiento se trata. Estamos, como regla, muy informados sobre el daño que puede provocar una insolación de esas que se pueden agarrar entre la 1 y las 3 de la tarde, pero igual nos gusta enseñarnos al sol porque «a mí no me va a ocurrir»…
Quizá esos son los más imprudentes o los temerarios, pero todos no actúan de ese modo. Hay quien sí se protege, y echa mano a la inventiva, esa asignatura nacional, para cobijarse de la manera más insospechada. Una casa de campaña fabricada en el extranjero, bien pensada, con todos los detalles, puede servir. Pero si el primo que vive en Italia no te la pudo traer porque por allá la crisis está haciendo de las suyas, no importa. Cualquier cosa funciona, especialmente cuando se trata de proteger a los niños y a personas de piel más sensible o blanca (¿por qué será que algunos les llaman «pomos de leche»?). Sábanas, cobertores de nailon, hasta manteles (tiene lógica: los baños de mar dan apetito y ahí mismo pone la «mesa», disfruta de su almuerzo y con su mantel multiuso vuelve a vencer al Astro Rey)… Las imágenes no mienten: hay un abanico de opciones más allá de las cremas y los protectores…
Se pueden levantar «casitas» en la arena, pero ¿qué tal si usted no quiere estar atado a un lugar y prefiere protegerse en pleno movimiento? Bueno, lo alegrará saber que para esos casos también el cubano tiene respuestas, pues ahora mismo podemos encontrar a gente bañándose en el mar, con el agua prácticamente al cuello, luciendo prendas, sombreros y otros atuendos curiosísimos para no tostarse demasiado.
Lo importante no es la sintonía —a lo mejor hasta se encuentra a alguien con el sombrero vikingo con que un hincha sueco apoyó a Slatan Ibrahimovic en la reciente Eurocopa—, sino regresar a la casa sanos y habiendo vencido el peligro de «asarnos» a la plancha.
¿Hablé de temerarios? Bueno, sé que estoy forzando un poco la palabra, pero me encantan esas «valientes» muchachas que van a la playa y se pasan horas y horas tomando sol. Hasta a mí se me olvida la canícula del mediodía y el azote del cambio climático cuando las miro voltearse un poquito para acá y otro para allá, procurando tostarse y lucir más bellas y sensuales. Y el Sol ahí, haciendo de las suyas conmigo, convirtiéndome en todo un Caballero de la Triste Figura mientras miro a esas Dulcineas… ¿Y cómo fue que llegué a este tema? ¿Estaré volviéndome loco? ¿Será el calor del verano? Nada, mi gente, que hay que protegerse.

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