De duendes y otras locuras

Por Mairyn Arteaga Díaz

Baracoa fue el pretexto para terminar abril y comenzar mayo, juntos. Baracoa fue el destino final, luego de 27 horas de recorrido por todo el país, montando, en cada provincia, un grupito de soñadores, de esos que forman el Proyecto Deduendes, de esos a los que nada les resulta imposible y ni en el mismo cielo encuentran su límite.

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Es linda la ciudad con su malecón bañado de mar, su Colón con la Cruz, que recuerda que ella fue la primera, y como la primera conserva su orgullo, su Fuerte Matachín, su Hotel El Castillo. Por ella anduvieron los amigos durante una semana dejando a su paso un rastro de alegría y cariño, que sin dudas, contagia. Tal como los fuegos de Galeano, esos que arden la vida con tantas ganas que encienden a quien se acerca.

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El Cañón del Yumurí los acogió por un rato. En bote pasearon por un río que, símbolo de los matices de la vida, combina perfectamente las aguas dulces y saladas. Y es peculiar Yumurí con aquel Paso del Alemán, con la mata de coco, que caprichosamente, salió doble en un mismo tronco, tal vez para acentuar lo maravilloso de la naturaleza, que hace gala de sus artes en el Oriente Cubano.

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En Baracoa hubo de todo. Café colado a la primitiva, con un “fogón” de tres piedras, anda por ahí una foto que atestigua que no quedó muy bueno…montas de burro al pelo, bolsas de yogurt para chupar, las habituales partidas de dominó, bailes y cantos. Caminatas involuntarias por La Farola y por las carreteras de acceso a Maisí, baños en las terrazas. Y hasta un caguagua se dejó ver en las calles de la Primada de Cuba. Si usted no tiene idea de que se trata, lléguese por allá y se dará cuenta. Desde aquí, lo juro, es imposible de explicar.

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Inolvidables las locuras de Adrián en el campismo El Yunque, en la guagua, en todas partes, el trato de los baracoenses y su Gobierno. Inolvidable Pinocho, el rescate exitoso de Cristian a Chucho y al loco, en medio de la llovizna y la prisa del reloj; el recorrido por el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, con su trío de cartacubas, y el amor de altura de dos chipojos de un verde precioso. Inolvidables, claro está, los chocolates y los cucuruchos, verdadera amenaza para el estómago de Iván y sus apuros; y ni que decir de Yoan y su “pancita”, sólida como el cemento.

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4 respuestas a “De duendes y otras locuras”

  1. avatar arley dice:

    que envidia que rico se ve eso y lejos

  2. avatar Jocale dice:

    si el viaje fue genial

  3. avatar manuel dice:

    el proccimo biage me apunto me avisas con tiempo para desirselo a matos

  4. avatar Jocale dice:

    ya para finales de mes

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