Santa Clara a la luz de los sueños.

Por Mairyn Arteaga Díaz.

Algún día, cuando ya no tenga las fuerzas de la juventud y mi cabeza parezca nieve, recordaré este enero de 2013 y la visita a Santa Clara. Villa Clara era la provincia que primero quise visitar, aunque fue la novena. El lugar con que atormentaba a mi mamá, diciéndole: “cuando sea grande me voy a vivir a Villa Clara, aunque no conocía allí a nadie”.  Pero la vida se teje de forma enmarañada, y ahora, a la altura de mis 21 años pisé la tierra de Marta y el Ché.
El primer impacto no fue el que esperaba. Quizás puse demasiadas expectativas o fue mucho tiempo deseando verla. El Niño de la Bota me pareció muy pequeño, ya sé, la imagen de un niño no puede ser de otra manera, pero qué hacer si ya lo soñé mayor. Su “malecón”, me resultó extraño, inusual, de qué otra forma me parecería un malecón sin asomo de agua.

Fui a Santa Clara con los duendes tecleros a refundar la tertulia de la ciudad, a resembrar la semillita de amor que dormía como la Bella del cuento, y a la que le llegó la hora del despertar. El polvo encantado comenzó a expandirse desde la Loma del Capiro, allá nos fuimos en la madrugada y allí estuvimos en espera de la aurora. Pero las nubes nos la robaron, la escondieron, como nos hicieron en Isla de Pinos. Lo que no pudieron robar, esconder, fue la alegría, los juegos, los castigos jocosos (con record para Almodóvar), la emoción de ver la ciudad dormida, a nuestros pies y ardiendo en los fueguitos del alumbrado público.
Del Capiro bajamos a remontar el Arcoíris. No, no es broma. Así se llamaba la base de campismo que almacenó por un fin de semana la magia teclera. Y no podía tener mejor nombre. El cielo no vistió los siete colores, pero la llovizna persistente de sábado y domingo, fundida con la luz irradiada por los duendes convirtió la tierra santaclareña en una fiesta de gamas y tonalidades disímiles.
Del Arcoíris quedaron los juegos de dominó, a pesar de que no debería mencionarlos, el baño en la piscina helada, helada literalmente, según me contaron, las galletas de Mélodi, la caminata de regreso en la noche del sábado. Claro, valió la pena aventurarse en la oscuridad mojada para recibir como premio la voz encantadora de Yaima Orozco, la trovadora en su habitual peña en la UNEAC de Santa Clara. Creo que todos coincidirán conmigo.

Y fuimos a las Villas a refundar una tertulia, y se hizo. La tertulia de los duendes de Santa Clara volvió a nacer. El alumbramiento ocurrió el domingo 27 de enero de 2013, y todo parece indicar que esta vez sí crecerá sana, fuerte y feliz. De la mano de Alexis  caminará segura. Yo también lo creo.
Se presentó la tarde húmeda, fría, vestida con un ligero velo de lluvia, pero el calor de los tecleros  se propagó rápido y el patio de la sede de la Asociación Hermanos Saiz fue el lugar más acogedor del mundo. Y para Denis cayeron estrellas, y las estrellas fueron los duendes de Cuba allí reunidos. Yo también las vi.
Y el aire se llenó con evocaciones de reencuentros. Reencuentros amorosos, entre amigos, reencuentros con uno mismo, con la vida, reencuentros de todos los colores. Y se habló de las segundas oportunidades, de las que nos damos o las que les damos a otros, o las que nos dan. La tertulia de los duendes de Santa Clara se dio otra oportunidad, y propició el reencuentro entre tecleros viejos y tecleros nuevos, tecleros todos. Enhorabuena.
La magia del duende se hizo presente. Mágica fue la música, esa que le arrancó las lágrimas al Chiqui, que de Chiqui no tenía nada, pero Yatsel Rodríguez, interpretando Cuando el tiempo pasa, siempre hace que le lluevan los ojos. Y lo entiendo, es fácil que con esa canción se te acerquen chubascos al iris.
Yaily y Yoandi cantaron con la misma capacidad de hechizo. A Zoila le regalaron Sabor salado, y a todos, Mónica. Fue realmente lindo.
Cariño teclero hubo de sobra. Incluso de los que no estaban, la Bala lo envió en una carta (que leyó Alexis, todavía nervioso y temblando como la hoja que tenía en sus manos). Se podía cargar por montones. Y los besos y abrazos al compañero de al lado, sellaron un pacto de amistad cómplice y eterna. Santa Clara otra vez tiene tertulia, porque tecleros siempre tuvo. Este domingo los duendes dejaron en la ciudad de Marta y el Ché, en la ciudad del Niño de la Bota, una donación de confianza y alegría. Santa Clara otra vez tiene tertulia, y ahora por muchísimo tiempo.
Después del acto creador vino la despedida, o una de ellas. Como dije, la vida se teje de forma enmarañada y esta vez nos tendió la telaraña en los pies. Una guagua que no paró, otra que dejamos ir, hicieron que la estancia se prolongara un poco más. Benditas casualidades.

Así pudimos compartir pizzas en el boulevard, asistir al ensayo de la obra Tragedia, del grupo Teatro sobre el Camino, más tarde, algunos aplaudimos hasta más no poder, su presentación en el Festival de Teatro de Pequeño Formato; y disfrutamos una vez más del Mejunje y su ambiente bohemio, con una locura deliciosa. Y   vimos partir la Marcha de las Antorchas, desde la azotea de la Casa de la Cultura. Y ahí si estaba lindo el Parque Vidal inundado de lucecitas y con sus pájaros revoloteando en la noche a causa del humo. Otra vez la ciudad bajo los duendes que nos extasiamos con la visión.

El Ché fue otro destino obligatorio. Su imagen frente a la sede del Partido Comunista de Cuba se llevó una buena dosis de admiración, en el trayecto contemplamos el Monumento al Descarrilamiento del Tren Blindado, el Puente de la Cruz. Tiene su encanto Santa Clara. Y lo tiene su Plaza, allí sí que está imponente el Ché, y debajo sus restos, esos restos que tanto amamos, como leí en un libro de poesía, y que no es más que la pura verdad.
De Santa Clara nos fuimos con la carga de energía de Yiya, la abuelita de Alexis, dice Mileida que ese es el cargador que necesitamos y no los otros inventados por la tecnología. Y tiene razón. Ahora no veo al Niño de la Bota tan pequeño, me adapto a la sequía del malecón y Villa Clara vuelve a ser la tierra con la que soñaba unos añitos atrás. Por eso, algún día, cuando ya no tenga las fuerzas de la juventud y mi cabeza parezca nieve, recordaré este enero de 2013, cuando visité Santa Clara a la luz de los sueños.

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5 respuestas a “Santa Clara a la luz de los sueños.”

  1. avatar Oscar dice:

    lugar bonito, bonito, mas com todo o respeito a mulher que escreve é muito mais bonita :))

  2. avatar Ignacio S Figueroa dice:

    Q bonitas fotos me gustaría estar recibiendo esas fotos

  3. avatar arley dice:

    no me aburro de decirlo mi ciudad es hermona y tiene la capacidad de hechizar al que la conoce de verdad

  4. avatar Jocale dice:

    asi mismo es yo soy uno de los echisados

  5. […] que en Holguí­n no podríamos hacer ningún tipo de trabajo con el grupo: la fecha no era la indicada, las escuelas […]

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