Evocaciones de viaje

Por: Iván Morales y Lisdania Velázquez

Corría noviembre presuroso y la nave teclera arribaba a su última aventura en este año 2012. La ciudad de Viñales, en la más occidental y verde de las provincias cubanas, y su campismo Dos Hermanas, fue el lugar escogido por este grupo de incansables aventureros para regalar sus sueños. Allí, la naturaleza –adornada con altísimos mogotes y relucientes bohíos- hace un guiño al visitante invitándolo a conocer sus más antiguos secretos.

Esta vez la premura del encuentro hacía un poco más corto el itinerario del viaje. No obstante, la visita a la Cueva del Indio -esa maravilla natural –declarada Patrimonio Nacional- donde la vista se alegra al admirar tanta belleza junta, y el alma se regocija con la inconfundible voz de “Monguito” y su inseparable guitarra- era impostergable. Desde una inusitada tribuna, el destacado músico tocaba las clásicas melodías del repertorio cubano.

El Palenque esperaba impaciente la magia de los tecleros. La cueva, con una extensión de 140 metros, brindó refugio en la etapa colonial a aquellos esclavos que huían del castigo de sus amos. Aún permanece allí, inalterable ante el paso del tiempo, la tradición de los cimarrones, encarnada por tres descendientes de esos hombres y mujeres. Ellos dan la bienvenida al público con bailes y canciones típicas de la época.

Las deidades yorubas más conocidas en la Isla están reflejadas con los colores distintivos en los diversos ranchones que brindan sabrosa –y cara para el bolsillo común- comida criolla. Un enorme mogote “vigila” imperturbable desde la privilegiada altura. De allí fueron hacia el hotel Los Jazmines, de cuyos balcones se aprecia una vista inigualable: el sol iluminando un extenso valle, donde las elevaciones y los bohíos confieren al lugar un toque pintoresco. Las instantáneas dejaron vestigio de uno de los sitios más bellos del país.

No podían abandonar Viñales sin antes conocer su arquitectura distintiva. Durante todo el fin de semana una extensa fiesta coloreaba las calles con exquisitos aromas de fritas de malanga y plátano, pollo frito y cervezas bien heladas. De estas últimas se encargaron Camarero y Alexis, quienes no dudaron en situarse bien cerca para mantener el suministro siempre disponible. Y, de paso, admirar la belleza femenina que predominaba en el parque. Claro, siempre con la ayuda de César y sus habilidades para presentarse solo.

El domingo guardaba aún mejores emociones. Dedicaron la jornada matutina a redescubrir el Mural de la Prehistoria, un imponente mogote donde la labor pictórica del hombre permite realizar un viaje en el tiempo, y a caminar por las profundas cuevas aledañas al campismo Dos Hermanas. Sin dudas, el sitio es un lugar privilegiad, no solo por la posición que ocupa, sino también por la belleza natural circundante.

La noche llegó de prisa ese día, y con ella el cumpleaños de César alcanzó mayor efervescencia. Hubo de todo allí. Desde un pistolero, cuya mano cargada disparó a los asistentes al comedor –incluso en ráfaga-, hasta uno osados bañistas que decidieron “relajar” las tensiones entre las gélidas aguas de la piscina. Tal vez la alegría desmedida que caracteriza a este piquete de “locos bien cuerdos”.

Y concluyó el viaje. Quedaban en Viñales las huellas mágicas de los duendes, y entre ellos la satisfacción de haber estado juntos una vez más. El reencuentro será para el 2013 en la ciudad de Matanzas. Allá nos veremos entonces.

 

 

 

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2 respuestas a “Evocaciones de viaje”

  1. […] o con círculos de abuelos. Todo empezó con el color gris de la incertidumbre y el pesimismo. Pero la suerte o el destino estaban a punto de sonreí­rnos! De pronto surgió, como Ave Fénix, la gran idea realizar un trabajo con una comunidad intrínseca […]

  2. avatar Yohan dice:

    Todo al bote… Camarero… cuando vas a publicar las de Manati ?

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