El remo como proa.

Fotorreportaje: Jorge Camarero Leiva

La Historia siempre convoca, enriquece, enamora.  Un grupo de trabajadores del diario Juventud Rebelde, junto a lectores de las tertulias “tecleras” que el periódico ha auspiciado en varias provincias del país, lo comprobamos en un reciente “desembarco” en el pasado.

A Playitas de Cajobabo, en el Oriente cubano, allí hasta donde llegaron José Martí y Máximo Gómez en 1895 para comenzar la Guerra “generosa y breve” que debía librar a la Isla de España, nos fuimos unos 50 expedicionarios a revivir la hazaña.

Todo el recorrido —antes y después del punto principal—  incluyó la mítica Loma de la Cruz, en Holguín; Playa Bariay, por donde cuentan que entró el Gran Almirante en 1492; la Punta de Maisí, en Guantánamo (con ascenso al faro); el Río Toa, el más caudaloso del país; y otros lugares impresionantes de nuestra geografía insular.

Y, al final del viaje, comprendo que el aliento del futuro cubano pasa, necesariamente, por estos cauces que tiempo no borra.

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